SOBRE LOS ENEMIGOS DEL CÍRCULO

SOBRE LOS ENEMIGOS DEL CÍRCULO
LOS RECURSOS NATURALES NO ALQUILABLES
De entrada existe la pequeña diferencia de que el monopolio sobre
los bienes derivados de un recurso ya asegura que al menos los recursos
se han puesto en marcha, lo que ya es algo que de entrada beneficia
claramente al círculo. Aun así, no descubrimos América si decimos que
el monopolio es una de las viejas y mal resueltas contradicciones del
capitalismo. Los más acérrimos defensores del capitalismo reconocen que
la tendencia al monopolio que surge inevitablemente de la libertad de
fijar un precio y adquirir bienes de producción, es una de sus mayores
pegas. Se supone que mientras existen personas diferentes y enfrentadas
entre sí produciendo bienes equivalentes (en realidad, nunca es posible
producir exactamente lo mismo), la guerra que se establece entre ellos
para colocar su producción asegura que fijarán un precio de venta
suficientemente razonable, pero en el momento que se establece el
monopolio, pueden empezar a poner el precio que les parezca bien.
En realidad, esto no es del todo cierto. Incluso aunque
supongamos que todos los productores de un bien se ponen de acuerdo, o
un solo productor produce un bien determinado, ello no se aleja
demasiado de la situación ficticia de un círculo ideal en el que cada
bien es producido por un solo miembro. Y está claro que en este caso
ideal llega a haber un precio finito, más o menos razonable, pero
finito, para cada cosa. Pero Mqué fuerzas fijan los precios en este
caso ideal, si no son las de la competencia?.
Está claro que todo depende de la necesidad que tienen unos
miembros de lo que producen otros. Una de las más potentes paradojas
del capitalismo es la siguiente.
Supongamos que tenemos un círculo formado por Fulanito, Menganito
y Zutanito, que producen respectivamente los bienes de consumo F, M y
Z. Supongamos que partimos de la situación ideal de que los tres
producen 90 unidades anuales de estos bienes y que el consumo razonable
de un miembro es 30 unidades anuales. En esta situación ideal, todos
producen exactamente lo que todos necesitan. En esta situación ideal,
los tres productos F, M y Z tendrían el mismo precio, que en una unidad
de dinero ficticia, pongamos c, supongamos que fuera 100. Todos
tendrían una producción, venta y consumo anual de 9000 c, aunque en
realidad el dinero que realmente movería cada uno sería de 6000 c. La
teoría capitalista supone que el dinero es una especie de ficha del
monopoly que meramente representa a las cosas y se pone en juego
meramente para facilitar los intercambios. Da igual si vale tanto o
cuanto de un modo teórico.
MCuánto dinero debería haber, físicamente, es decir, cuantas
unidades de c deberían estar circulando?. El hecho más interesante,
altamente consensuado, es que al final de haber intercambiado todo esa
producción, ninguno de los tres debería tener una sola ficha de C,
puesto que han gastado todo lo que han ingresado. Un enfoque más
razonable, y mucho más moderno, es que en realidad DA LO MISMO cuantas
unidades de C posean. A fin de cuentas, las fichas han de ser puestas
en juego en algún momento, y solo pueden ser puestas en juego
sencillamente mediante algún tipo de reparto más bien arbitrario.
Pongamos entonces que en el origen se crearon 27000 c para representar
la producción que iba a haber. Obsérvese una vez más que es
perfectamente indiferente la cifra. Si hay menos fichas en manos de los
jugadores, los jugadores meramente han de manejar más lentamente las
mercancías, y comprarlas y venderlas, por ejemplo, de una en una en
lugar de treinta en treinta. El caso es que originalmente cada jugador
recibe 9000 c, y como se puede comprobar fácilmente, al final del
juego, cada jugador sigue teniendo, como corresponde al equilibrio de
la situación económica, 9000 c, después de haber movido 6000 c. (Vendió
mercancías por valor de 6000 c y compró mercancía por valor de 6000 c).
MQué impediría a Fulanito, al cabo de este maravilloso año de
paz, decidir que producir 60 unidades de F para vender le cansa mucho,
y que este año que viene en lugar de producir 60 va a producir solo 30,
pero que en lugar de venderlas a 100 las va a vender a 200, consciente
de que NECESITA vender por valor de 6000 para poder comprar la
producción de los otros dos?. En realidad, esa es la libertad que
concede el monopolio, y justamente por este motivo los teóricos del
capitalismo sostienen que es necesaria la libre competencia, es decir,
que haya más gente produciendo de lo mismo. Pero obsérvese que la idea
que hay detrás de la pluralidad de la producción es tan tonta como que
“se evite que a cualquiera se le ocurra primero”. En la realidad, algo
que es característico en el capitalismo es que casi siempre es más
difícil encontrar alguien que quiera comprar la producción de alguien
que el encontrar alguien que quiera vender algo a un precio
determinado.
O dicho de otra manera, en el capitalismo floreciente es habitual
que las personas estén en disposición de producir más de lo que pueden
vender. Es como si Fulanito, Menganito, y Zutanito pudieran producir en
lugar de 90, 180. Supongamos que F lo producen Fulanito y Fulanín.
Cada uno de ellos produciría 45 y podría producir 90. Si Fulanito
quiere subir su precio de venta a 200, Fulanín estará encantado de
colocar 90 a 100 en lugar de 45 a 100. Este es el motivo por el que
Fulanito no se atreverá a poner a 200 su precio. En lugar de vender 24
a 200, vendería cero a 200 y no podría comprar nada. Ahora bien, aunque
en la práctica es completamente cierto que la ansiedad por conquistar
“mercado” (es decir, por vender más) ejerce el tipo de influencia
esperada y realmente ningún empresario se hace el propósito de subir el
precio para ganar lo mismo produciendo menos, un somero análisis de la
realidad empresarial conduce a la conclusión de que los empresarios no
quieren hacerlo…pero LO HACEN. Los empresarios nunca se plantean
reducir su productividad, pero siempre se están planteando reducir
gastos, y tal reducción conduce más tarde o más temprano a una menor
productividad. Los empresarios intentan acercar su productividad máxima
a su producción real, pero como las ventas nunca son estables, lo que
hacen en realidad cuando intentan ese acercamiento es perder la
oportunidad de colocar más producto en los momentos de máxima demanda,
pérdida de venta que los empresarios intentan compensar subiendo un
poquito el precio de venta de su producto. Ahora bien, como la
competencia detecta un aumento de la demanda, incrementa sus precios de
venta. Si alguien se atreve a negar esto, que levante la mano para que
le peguemos todos: si no fuera porque este tipo de fenómenos se
produce, ningún economista hubiera formulado la ley de la oferta y la
demanda.
De modo que a fin de cuentas, la competitividad es una buena
protectora contra el deseo de aumentar la rentabilidad a base de subir
los precios de venta de un modo INTENCIONADO, pero no protege en
absoluto contra que el efecto se produzca de un modo NO INTENCIONADO.
Como hemos visto, quien se beneficia del efecto no es quien lo
inicia (que más o menos tiende a quedarse como estaba), pero el hecho
es que la dinámica real empresarial TIENDE a producir el efecto, y de
él se aprovechan algunos, aunque no lo iniciaran. Este efecto existe y
evidentemente es un efecto centrífugo.
Por lo tanto, seguramente es otro efecto diferente el que nos
protege (si es que estamos protegidos), contra los desmanes
monopolistas.
Volvamos a Fulanito, Menganito y Zutanito y tratemos de ver qué
clase de seguridad podemos encontrar. Seguramente, la solución del
problema está en que tanto Menganito como Zutanito realmente tienen
fichas en su poder cuando se inicia un nuevo ciclo en el que Fulanito,
sin venir a cuento, ha incrementado el precio a 200. Lo que hacen
Menganito y Zutanito es pagar a 200, y A CONTINUACION, viendo que su
economía se va a ir al garete rápidamente, suben sus precios para
compensar el mayor gasto que han tenido. Si Fulanito había bajado la
producción a 30, tanto Menganito como Zutanito habrán comprado 15, pero
como no saben nada de cuánto ha producido Fulanito, querrán comprar
otros 15. Naturalmente, como quieren comprar otros 15, pensarán en
subir sus propios precios para ingresar los 3000 c suplementarios que
necesitan. Puesto que su intención es vender 60 unidades de su propia
producción, incrementarán el precio en 50. De modo que M y Z suben de
precio hasta 150. Cuando Fulanito se acerca ahora al mercado a comprar
su M y Z con los 6000 c que consiguió de la venta, encuentra que
mientras que necesitaba 30 unidades de M y Z, solo puede comprar 20. Le
está bien empleado por listo, pero eso no le impide, por desgracia,
volver a subir su propio precio (ya que está en posición de monopolio),
y volver a empezar. El efecto centrífugo se multiplica: tanto Fulanito
como Menganito como Zutanito han tenido un mal año. Ninguno ha podido
comprar todo lo que necesitaba. El círculo se ha estrechado. Puede que,
hablando de muchas personas, alguna se haya quedado fuera
definitivamente.
La realidad, por consiguiente, es que cuando un monopolio
incrementa sus precios, lo único que consigue al final es que todo el
mercado suba de precio y las personas que lo integran pierdan capacidad
de compra.
Al final, nadie gana nada, tal como corresponde al efecto de una
fuerza económica centrífuga.
De esto extraemos dos lecciones: primera, que si los dueños de
los recursos naturales venden algún bien derivado de éstos, no sacarán
gran cosa del círculo a no ser que se lo vendan a un precio razonable.
Segunda, los monopolios actúan como una fuerza centrífuga terrible,
pero no son la única fuerza centrífuga que se deriva de la libertad de
poder incrementar el precio de venta sin motivo. Por tanto, es
necesario que se establezca un medio de control de esta última fuerza
centrífuga analizada, la cual actuará sobre los dueños de los recursos
naturales, haciendo que el bien que producen se le ofrezca al círculo
por el precio que debería, sin que quepa hablar de que, por el hecho de
poseer los recursos naturales, obtienen una ventaja inacabable. En esa
situación ideal, quienes dominan los recursos naturales serán
simplemente aquellos que están en condiciones de producir un bien
determinado por el que obtendrán algo a cambio del círculo, pero eso no
tiene nada de especial.
Parece claro que esta fuerza centrífuga que hemos tenido que
analizar a consecuencia del razonamiento sobre los recursos naturales
habría que haberla analizado de todas formas. Así que empecemos con
ella de nuevo.
MExiste algún medio de determinar exactamente qué producción debe
tener cada individuo dentro de algún círculo económico?. Me parece que
la ingenuidad socialista contestó afirmativamente en algún momento de
la Historia. Pero está claro que no es así. La ingenuidad socialista
pretendía determinar mediante razonamientos filosóficos acerca del
hombre la “tabla” ideal de gasto de cada persona. Volviendo al ejemplo,
venían a decir que estaban filosóficamente seguros de que todos los
hombres desean y necesitan exactamente 30 u de F, M y Z. Mientras se
produjeran y se distribuyeran exactamente esas unidades a todos los
hombres, todos estarían en paz. Pero se encontraron con que lo que
desean Fulanito, Menganito y Zutanito dista mucho, primero, de ser
igual, segundo, de ser constante, tercero, de tener sentido para
ninguno en particular. Fulanito no encuentra sentido a lo que quiere
Menganito, o Zutanito, Menganito a lo que quieren los otros dos, y a
Zutanito le pasa lo mismo con los primeros. De modo que no hay manera
de ponerse de acuerdo en lo que producir, y se produzca lo que se
produzca, todos estarán en desacuerdo con lo producido. Peor aún.
Cualquiera que quiera asegurarse de que tal o cual cosa se producirá en
tal o cual medida, tendrá que obligar a los tres a producir exactamente
eso. La reacción inmediata es que a Fulanito no le da la gana producir
M, a Menganito no le da la gana producir F, y puede que ni siquiera a
Zutanito le apetezca ya dedicarse a producir Z. El fracaso socialista
se cuece.
Es evidente que la producción que cada uno hace de sus propios
productos debe ser más espontánea. En realidad importaría poco que
Fulanito solo produjera 30 unidades de F en lugar de 60, si no tuviera
posibilidades de producir más. Lo que es un auténtico fastidio es que
Fulanito pudiera producir 60, y Menganito y Zutanito quisieran (o
necesitaran) 30, pero no pudieran obtenerlas, porque a Fulanito no le
diera la real gana de producirlo. Sería un problema que Menga y Zuta no
tuvieran lo que quieren si queriendo más dijeran: bueno, pues
pongámonos nosotros a producir F, y no les dejaran. Ahora, si pudiendo
hacerlo, no quieren, entonces ellos no son mucho mejores que Fula. Así
pues, creo que la cuestión realmente está en que nadie pueda impedir a
Menga y Zuta ponerse a producir F si quieren y la naturaleza se lo
permite.
Naturalmente, es lógico que quizá tengan que reducir algo la
producción de M y Z, y quizá F pierda algo con aquella decisión. Pero
también es su problema, si sabiendo que es posible producir más y que
los otros quieren más, no se ha puesto a hacerlo.
MCuando surgiría ese problema de que Menga y Zuta no pudieran
ponerse a producir F?. Naturalmente, y volviendo al tema anterior,
cuando producir F exigiese el uso de un recurso natural que posee
exclusivamente Fula. Mientras Menga y Zuta quieran más F, pueden
incrementar el precio de M y Z para ponérselo difícil a Fula y animarlo
a producir más F, pero si este se conforma con el M y Z que consigue,
parece que no tendría mucho sentido obligarlo a producir más, y pienso
que no lo tiene.
La cuestión es que quizá alguien propondría que Fula cediese el
uso del recurso que domina para que fueran M y Z quienes produjesen el
resto de F que quieren. Naturalmente, eso obligaría a Menga y Zuta a
producir más M y Z del que necesitaban producir. Y volveríamos a las
andadas.
Más que nada porque si permitiésemos eso, nada impediría a Fula
no producir F en absoluto, ceder todo el uso del recurso que domina, y
entonces el círculo ya no incluiría más que a Menga y Zuta, quienes
tendrían que producir todo el M y el Z, más todo el F, para conseguir
el mismo efecto que se obtendría si Fula hiciera su parte, con lo que
les costaría menos.
Si Menga y Zuta fueran listos, no deberían entrar en ese juego.
MQué otra solución cabe, pues?.
En mi opinión, lo que está ocurriendo aquí es que Fula pertenece
al círculo solo en un cierto grado. Produce algo cuando podría producir
más y compra algo cuando podría comprar más. Pero no quiere hacerlo.
Por lo demás, la parte de Fula que no trabaja más, simplemente disfruta
de su propiedad como le parece. Y creo que las cosas deben ser así.
Cualquier estímulo coercitivo que proviniese del círculo para obligarlo
a ceder el uso de su propiedad o a producir más para sostener esa misma
propiedad, solo actuaría enemistándole con el círculo y convenciéndolo
de que debería buscar la manera de producir M y Z para cederle un poco
a unos soldados que defiendan su propiedad cuando se decida a no
producir nada de F para los tiranos de Menga y Zuta, lo que solo
conseguirá a la larga, evidentemente, que Menga y Zuta empiecen a tener
serios problemas para sobrevivir. Si se pretende que Fula participe en
mayor grado, bien vendiendo parte de su propiedad a Menga y Zuta, bien
produciendo más a partir de su propiedad, lo único que debería hacerse
es, tal y como hicieron los capitalistas con los señores feudales,
aumentar el atractivo del círculo, mejorando M y Z (más precio por esos
artículos), bien creando nuevos productos. Por otro lado, supongamos
que hay un ejército que pagan en conjunto Fula, Menga y Zuta. Si Menga
y Zuta se ponen de acuerdo en adquirir por la fuerza los recursos de
Fula lo tendrán fácil, ya que tienen una economía mucho más activa que
Fula y además son mayoría. Pero no deberían hacerlo. Después que el
ejército arrebate a Fula su propiedad, MQué impediría a ese ejército
que también se pusiera de acuerdo con el Fula que trabaja y el Menga
para quitárselo a Zuta?. Por ese camino, nadie estaría muy seguro de
ganar nada para sí mismo cuando actúa en relación al círculo. Lo que ya
sabemos que es una fuerza centrífuga.
Por consiguiente, si simplemente hacemos que Fula no pueda
recibir del círculo M y Z (en la práctica, unidades de dinero), más que
a cambio o bien de F, o bien de VENDER su propiedad al círculo (es
decir, a cualquiera de los dos, a Menga o Zuta o a ambos), las cosas
funcionarán como deben. Quizá Fula solo produzca la mitad de lo que
podría. Con ello perderán también Menga y Zuta. Pero qué se puede
hacer. Al fin y al cabo, el problema es que Fula solo pertenece
parcialmente al círculo (respecto a lo que podría pertenecer), pero así
es como funcionan los círculos: cuanto más pertenece la gente a ellos,
más saca cada uno de ellos. Pero al menos, aunque con su laxitud Fula
gana menos y hace que Menga y Zuta también ganen menos, Menga y Zuta
también trabajan menos, ya que tienen que producir menos para Fula.
Mientras las cosas estén así, están bien.
El círculo no crece, pero tampoco se desmorona. En realidad, lo
más seguro es que con el tiempo que les sobra, Menga y Zuta produzcan
algo nuevo que estimule a Fula a producir más o a vender su propiedad
en parte. Entonces Menga y Zuta podrán producir el F que les falta
(subjetivamente) o simplemente comprarlo. Así el círculo crecerá. Por
las buenas. Sólidamente.
Por consiguiente, todo círculo económico con visos de actuar con
lógica debe impedir que se de el fenómeno del alquiler de los recursos
naturales.
En algunos casos, como ocurre con el petróleo, el recurso es un
bien limitado y no reemplazable. MNo supone esto que los dueños de las
tierras petrolíferas, y por tanto, del petróleo, están cediendo ya al
círculo su propiedad?. Ellos venden algo que ya no poseerán más. Lo
dicho hasta aquí, no tiene mucho que decir sobre ellos. Si hay algo que
decir sobre este tipo de recursos, seguramente será de otra índole,
como veremos más adelante.