LOS PRINCIPIOS Y LAS UTOPIAS

LOS PRINCIPIOS Y LAS UTOPIAS
Creo que hay muchos fenómenos sociales (de índole estadística,
fundamentalmente) que ocurren por que ocurren, porque es así, porque se
deriva de sí mismo. Nadie es responsable de ello, nadie podría
evitarlo, y de nada sirve negarlos. Lo único que se puede hacer con
ellos es reconocer que existe en la interacción social esa tendencia y
poner los medios para evitar que ejerzan su negativa influencia sobre
la organización social, y por tanto, que afecten al individuo.
En mi opinión, esto no es cuestión de doctrina, sino de pura
experiencia. Cualquiera de los principios comentados debe poder ser
reconocido y visto en acción por cualquiera. El siguiente paso es
contrastar hasta qué punto nuestras costumbres favorecen o coartan las
consecuencias positivas o negativas de estos principios.
Me imagino que con los principios expuestos, y en especial ya que
acabé con uno que precisamente he llamado “antiutópico”, habrá dado la
impresión de que estamos intentando tirar por tierra toda esperanza de
estar en paz sobre este planeta. Es posible incluso que se niegue a
admitir alguno de los principios ya que socava su esperanza en algún
tipo de sistema particular de vida.
Sin embargo, todos estos principios, adecuadamente considerados,
pueden ser puestos a favor del ser humano, o por lo menos, no en su
contra.
Sería demasiado tedioso irnos conduciendo desde ellos hacia las
sugerencias que se me ocurre que pueden servir de solución, de modo que
trataré de saltarme todos los pasos innecesarios y llegar a ello cuanto
antes.
Supongo que sostengo la idea de que en la sociedad existen
epifenómenos de la interacción social. Esta idea no es nueva, más creo
que los epifenómenos sociales siempre se han estudiado mezclados con
los fenómenos humanos, conduciéndonos a una terrible confusión entre lo
que es culpa nuestra, lo que no lo es, lo que podemos conseguir y lo
que no, lo que exige cambios y lo que no, lo que en resumidas cuentas
nos importa y lo que no.
Ahora bien, si estos fenómenos sociales de los que no somos
responsables se pueden caracterizar bien, se podrán manejar y usar.
En teoría, este es uno de los muchos propósitos de la ciencia
llamada sociología. Sin embargo, existe un planteamiento erróneo en el
concepto “ciencia de lo social”. Si se toma ciencia como lo que estudia
la relación entre causas y efectos, no estoy seguro que la ciencia
pueda esclarecer principio alguno, pues todos y cada uno de los
principios son solamente “efectos”. Si se toma ciencia como lo que
permite producir efectos deseados manejando las causas, debo decir que
dudo que NADIE pueda ejercer ninguna clase de causa sobre la sociedad
con efectos seguros. Si se toma ciencia como modo de producir efectos,
dudo que la ciencia pueda establecer QUE efectos deben buscarse y
cuales no.
Por contra, el pensamiento utópico es un ejercicio de
participación humana en lo social, en el que hay una previa decisión de
lo que se quiere y no se quiere, y no se busca una justificación, sino
un consenso, que es algo muy distinto.
MHay criterios que sirvan para juzgar una utopía que son
distintos de los criterios que ha usado cada utopía para definirse y
juzgarse a sí misma, pero que son compatibles y homogéneos con todos
ellos incluso aunque se contradigan entre sí?. Ya sé que suena a
imposible.
Como verá, era necesario que expusiera primero lo que he llamado
“principios”. Después de haberlos expuesto, creo que se podrá entender
lo que expondré a continuación: Todas las utopías hablan de
comunidades. Todas las comunidades tienen una forma de economía (lo que
no quiere decir que tener una economía sea la única pretensión de una
comunidad). Toda economía existe gracias al principio de economía
interna. El principio de economía interna es una fuerza centrípeta que
genera círculos, y tanto los recursos que genera como tal, como los
recursos naturales de los que se provee, se explotan, por tanto,
jerárquicamente. Sea el motivo que sea por el que ciertas personas se
juntan, acaban formando un círculo económico, y sus recursos generando
una jerarquía (si es que no existía previamente en la definición de la
comunidad). Pues bien, todo círculo presenta las siguientes cualidades,
en su mayor parte fruto de las propiedades de la explotación
jerárquica:
1.- Tiende a sustentarse a sí mismo, lo que significa:
1.1.- Desarrollar lo más posible la acción de las fuerzas
centrípetas.
1.2.- Limitar como puede la acción de las fuerzas
centrífugas.
2.- Tiende a definirse en contraposición a lo que está fuera de
él, para lo que se aprovecha del principio de minorías marginales.
3.- Tiende a expulsar del círculo a algunas personas, porque
aparecen fuerzas centrífugas que hay que conducir de alguna manera.
4.- Tiende a mantenerlas dentro usando cualquier estrategia
imaginable, habitualmente haciendo uso de la fuerza y del principio de
minorías marginales (estrategia que por cierto, es en sí misma una
fuerza centrífuga).
5.- Tiende a justificar como puede las diferencias que hay dentro
del círculo, surgidas del principio de explotación jerárquica.
Es decir, sea lo que sea lo que defina, una utopía SIEMPRE define
cómo se producirán los intercambios que materializan la economía
interna, pero esta economía interna genera recursos que se explotan
jerárquicamente, jerarquía que tiende a expulsar a las personas fuera
del círculo, y que para que el círculo subsista deben mantenerse dentro
de él como sea, aunque sea por la fuerza. El cómo es lo que la utopía
justifica. En el siguiente capítulo hablaremos precisamente de cómo el
que las viejas utopías han venido siempre a usar unas u otras formas de
presión para evitar que los miembros las abandonaran es probablemente
la razón esencial por la que esas utopías no podían funcionar, dejando
de ser utopías y corrompiéndose de cabo a rabo.
Ahora, podemos usar lo dicho hasta aquí para analizar someramente
algunas conocidas utopías.
EL IMPERIO. Con una lógica aplastante, los defensores de los
imperios encuentran que cuanto más grande sea un círculo, más difícil
será que alguien quede fuera de él, de manera que la estabilidad de la
jerarquía queda asegurada automáticamente. En resumen, intenta limitar
el efecto de todas las fuerzas centrífugas. Por tanto, intenta extender
la supervivencia del círculo establecido.
LA REPUBLICA. Con una lógica aplastante, la república intenta
reducir al máximo el efecto del principio de ineficacia jerárquica, ya
que las jerarquías tienden a ser tan ineficaces que ni siquiera son
capaces de mantener la estabilidad del círculo. Si los que están en la
cúspide de las jerarquías reciben (aunque sea algo retardadas) las
consecuencias de sus actos, aprenderán mejor a mantener las cosas en
orden. Por tanto, intenta extender la supervivencia del círculo
establecido.
LA MONARQUIA. Con una lógica aplastante, la monarquía intenta
reducir las fuerzas centrífugas generadas en las cúspides de las
jerarquías a causa de la lucha por la posición más central del círculo.
Por tanto, intenta extender la supervivencia del círculo establecido.
EL ESTADO DIVINO. Con una lógica aplastante, si se justifican las
diferencias jerárquicas en algún punto indiscutible (y todos los
terrenales lo son), se minimiza el efecto de las fuerzas centrífugas de
la competencia por las posiciones centrales del círculo. Uno podría
dejar su país y pasar ampliamente de su rey Mpero cómo va a escapar a
su Dios?. Por tanto, intenta extender la supervivencia del círculo
establecido.
EL ESTADO ESCLAVISTA. Es la utopía más elaborada de todas. Si las
personas en la frontera del círculo no tienen opción alguna a quedar
fuera del círculo, entonces no tendrán en ellas efecto alguno las
fuerzas centrífugas, pero tampoco en las capas más externas del
círculo, que serán contenidas por las capas de esclavos. Si se me
permite un ejemplo gráfico, los esclavos son como la solidificación de
la capa externa del círculo. No solo impide que el círculo se
desparrame por los bordes, sino que da estabilidad al interior. Por
tanto, intenta extender la supervivencia del círculo establecido.
EL CAPITALISMO. Aunque el capitalismo contiene algunas
contradicciones importantes, lo que intenta es minimizar el efecto de
la ineficacia jerárquica, limitando el alcance del poder de las
cúspides. Además, como el imperio, es fuertemente expansivo, intentando
contener el mundo entero bajo su abrigo. Ocupando todo lo ocupable el
círculo, no cabe que nada se salga fuera. Contiene algún punto de
esclavismo, y renuncia a la justificación divina de las diferencias
jerárquicas ya que encuentra (por fin en la historia) un punto objetivo
e indiscutible en que justificarlas: la inteligencia de quienes poseen
puestos elevados, que se pone en evidencia precisamente por su
posición. Puesto que intenta minimizar la ineficacia jerárquica, ocupar
el mundo entero, e impedir que las capas más externas vayan a ninguna
parte, intenta, por tanto, extender la supervivencia del círculo.
LA MONARQUIA ILUSTRADA. Especialización de la monarquía que
intenta reducir un poco la presión centrífuga que tiende a desmoronarla
en un momento en que el capitalismo ofrece una alternativa mucho más
eficaz.
Intenta, patéticamente por cierto, extender la supervivencia del
círculo.
EL SOCIALISMO. El socialismo intenta, simplemente, evitar que las
capas más externas del círculo estén tan mal en el círculo como para
abandonarlo.
En caso de duda, justifica el uso de la fuerza (semejándose
también, entonces, a la utopía esclavista). Por consiguiente, intenta
limitar la fuerza centrífuga que surge de que la concentración
jerárquica sea tan exagerada que las capas externas no encuentren
posible la supervivencia en los lugares que ocupan. Por otro lado,
simultáneamente, intenta evitar la influencia de las fuerzas
centrífugas de la competencia exacerbada del capitalismo. Por tanto,
intenta extender la supervivencia del círculo.
EL ANARQUISMO. El anarquismo elimina la fuerza centrífuga de la
ineficacia jerárquica por la vía rápida. Por otro lado, equiparando a
unos con otros, todos se encuentran en una posición de libertad de
intercambio bastante razonable. En realidad, su lógica es aplastante:
si los recursos no se concentran, entonces habrá suficientes recursos
repartidos como para que todos puedan vivir (en el seno del territorio
anarquista, claro).
Por tanto, intenta extender la supervivencia del círculo.
UN MUNDO FELIZ. Las fuerzas centrífugas de la competencia, de la
injustificación de las diferencias jerárquicas, y de la ineficacia
jerárquica, se limitan mucho si las personas en las capas externas son
demasiado tontas como para juzgar lo bien o mal que están, y las que
están en las internas lo bastante listas como para mantener con vida a
los otros. Por tanto, intenta extender la supervivencia del círculo.
WALDEN 2. Naturalmente, todo es mucho más fácil si a las personas
que están en la capa externa se las convence de que ese sitio es
perfecto.
Por tanto, intenta extender la supervivencia del círculo.
EL SUPERHOMBRE. Un círculo de uno solo es indivisible, y por
tanto, no hace falta extender la supervivencia del círculo.
EL N REICH. LA UTOPIA NACIONALISTA. Intenta contener las fuerzas
centrífugas de formas bastante elaboradas. Primero: se convierten a
todos los que estén fuera del círculo en unos monstruos. Segundo: se
eliminan los monstruos, lo que limita bastante el deseo de salirse del
círculo. Tercero: todo el que no esté de acuerdo con las diferencias
jerárquicas, es un extranjero, un monstruo, y un objetivo a destruir.
Eso limita mucho el efecto centrífugo de las diferencias jerárquicas.
Cuarto: se define mejor que nunca hasta donde llega el círculo y hasta
donde no. Quinto: como república, limita la ineficacia jerárquica.
Sexto: si se mejora genéticamente a las personas, estas serán más
felices y se estarán más quietas. Séptimo: si se mejora genéticamente a
las personas, serán más inteligentes y se limitará aún más la
ineficacia jerárquica. Octavo: si la gente realmente hiciera lo que se
la manda, también se contendría la ineficacia jerárquica. En fin, por
tanto intenta extender la supervivencia del círculo.
LA UTOPIA MICRONACIONALISTA. Cuanto más pequeño es un círculo,
más fácil es que se contengan los efectos jerárquicos, tanto los de
diferencias absolutas, como los de ineficacia. Además, también
convierte en monstruos a los extranjeros, de manera que resulta muy
poco atractivo para las capas externas marcharse del círculo.
Por tanto, intenta extender la supervivencia del círculo.
LA DEMOCRACIA. Como la república. Tampoco aporta nada nuevo. La
tolerancia es una buena idea que intenta evitar que el círculo se
deshaga desde dentro. Pero también en esto, solo intenta extender la
supervivencia del círculo.
EL ESTADO DEL BIENESTAR. Si la gente está bien donde está, o lo
bastante “amansada” como para no pretender más, no habrá disensiones
del círculo.
Por tanto, intenta extender la supervivencia del círculo.
EL INTEGRISMO. Que me perdonen los integristas, pero es
exactamente lo mismo que “el Estado Divino”.
LA COMUNA HIPPIE. Entre pocos, y sobre todo si no están muy
seguros de saber lo que están diciendo, es mucho más fácil ponerse de
acuerdo.
A fin de cuentas, sobrevivir tampoco es tan difícil. Si uno está
colgado, o no sabe hacer especialmente nada, es difícil que se vaya a
ninguna parte.
Por tanto, lo círculos hippies parecían bastante sólidos.
HARE, HARE (Y similares). Es un permutación inteligente de otras
utopías anteriores: la monarquía divina (estado religioso) y
micronacionalismo, con unas dosis de comuna hippie, y una pizca de
walden 2. Las panderetas son circulares también.
INTERNET. Si nadie tiene ni idea de donde está, es difícil que se
vaya corriendo a otra parte (Mpor dónde cae más o menos?). El símbolo
establecido para Internet es un planeta Tierra circular rodeado de un
único círculo.
Dista mucho de mis intenciones el criticar estas utopías, cuando
justamente lo que pretendo es demostrar que TODAS ellas tienen en común
un único punto, pese a las variadas estrategias que emplean para
perseguirlo: Un único punto que es lógico. Cuando alguien se plantea
que las cosas sean de tal o cual manera, también se plantea que lo
sigan siendo. (Por ejemplo, una fiesta NO es una utopía, porque nadie
se plantea que dure para siempre, pese a lo bien que se lo esté pasando
todo el mundo). Y al plantearse la duración de las cosas, todo el mundo
acaba intuyendo que hay cosas que estabilizan y cosas que
desestabilizan las utopías. Ahora bien, la pretensión es lógica, pero
parece que habría que andar un largo trecho antes de llegar a mi
propuesta, aparentemente absurda: lo que tienen de utópico todas las
utopías es precisamente su estabilidad. Pero es bien simple: las
utopías las formulan y apoyan personas determinadas en situaciones
determinadas a quienes aterra que su situación cambie, o bien
justamente aquellas que NECESITAN que cambie. Como todo el mundo sabe,
solo la amenaza de la muerte inminente es una razón para cambiar (desde
el punto de vista social, por lo menos). Como todo el mundo sabe, la
gente a punto de morir no se aviene a razones. Y si la gente no
encuentra motivo para permanecer en un modo de vida (es decir, si está
a punto de morir por su causa), entonces tiende a desestabilizar las
cosas, a marcharse, a buscar alternativas, o a matar directamente a
quien pillan por delante. El afán de todos los utopistas es encontrar
la manera de que todo el mundo coma y tenga algo que perder, con objeto
de que alguien pueda ganar más que eso.
Por lo demás, a los utopistas de cualquier utopía les suele
importar bien poco qué les pase a los que están fuera de su utopía.
El famoso criterio del que hablo es el criterio de la
estabilidad. Si uno toma fríamente un sistema sociopolítico y analiza
cómo maneja las fuerzas centrípetas y centrífugas, podrá hacerse una
idea de su viabilidad pero también de SU BONDAD y universalidad: en
efecto, HA DE SER necesariamente universalista si pretende ser estable,
y ha de ser necesariamente BONDADOSO, es decir, debe dar algo a perder
a las capas externas del círculo, o el círculo jamás podrá ser estable.
Es fácil comprobar cómo todas las utopías manejan algunas fuerzas, pero
se olvidan de otras, y como, cuando se han puesto en marcha en la
realidad, han sucumbido precisamente a esas fuerzas que olvidaron. Por
increíble que parezca, incluso las utopías que abiertamente pretendían
la estabilidad y la eficacia se olvidaban de poderosas fuerzas
desestabilizantes, en especial la de la ineficacia jerárquica y la de
la imprevisión humana.
Así pues, mi propuesta es que hagamos un sistema social que trate
INTENCIONADA y ABIERTAMENTE, de maximizar las fuerzas centrípetas y
minimizar el efecto de las centrífugas (aunque no por la fuerza, como
después veremos).
Con este objeto, sería necesario analizar cómo cada ladrillo de
una utopía contribuye a este objetivo. Sé que muchas personas
consideran que la solidaridad, por ejemplo, es un concepto
contra-económico. Pero esta idea es solo el resultado de confundir la
Economía con nuestro sistema económico, evidentemente contra-solidario.
Sin embargo, la solidaridad ejerce un efecto económico medible y
certificable como tal.
Sin embargo, esto podría resultar tedioso, ya que el método de
determinación es sencillo. Se hable de lo que se hable, como ya dije
anteriormente, si su efecto es dejar a gente colgada, pasmada, parada o
insatisfecha, entonces es una fuerza centrífuga. Si por el contrario,
tiene por objeto limitar la salida de personas fuera del círculo,
permitir que se alimenten en sus aledaños sin necesidad de formar
nuevos círculos, hacer que se vuelvan a poner en marcha, que entiendan
de qué va el juego, que aumenten su potencial para utilizar
efectivamente en su beneficio los mecanismos sociales, que puedan
obtener algo de valor del círculo a cambio de su participación en éste,
si aumenta la satisfacción de las personas en su pertenencia a él, etc,
etc, serán fuerzas centrípetas.
Por definición, utopía es lo que aún no es. Lo que no quiere
decir que una utopía deba ser necesariamente contradictoria con lo
actual EN TODO.
En realidad, casi todos los medios para favorecer la estabilidad
de los sistemas económicos están inventados, pero se usan confusamente.