EL PRINCIPIO DE ECONOMÍA INTERNA
Para empezar, no es cierto en general que las comunidades más
grandes especialicen más el trabajo. Para darse cuenta de ello, solo
tiene que pensar en que para cualquier tipo de trabajo dado, en
cualquier comunidad más o menos grande existen MUCHAS, muchísimas
personas que hacen EXACTAMENTE la misma clase de trabajo. En una gran
ciudad existen cientos de tenderos, miles de policías, cientos de
profesores, miles de albañiles, cientos de médicos, y así
sucesivamente. A su vez, en una gran ciudad, cada profesión tiene
especialistas, pero siempre existen muchos especialistas de la misma
especialidad. Por ejemplo, en el mundo existen miles de dermatólogos,
oncólogos, oftalmólogos. Está claro que en una gran comunidad existe
una REDUNDANCIA de especialización. En realidad, eso tiende a ocurrir
en cualquier comunidad, por lo que, dejadas a su libre albedrío, las
comunidades tienden efectivamente a tener una mayor especialización
cuanto más grandes son, pero esto no es NECESARIO. No digo que una
comunidad de dos personas pueda especializar tanto el trabajo como una
de seis mil millones. Esto sería exagerar. Pero seguramente, una
comunidad de solo diez mil individuos puede especializarse tanto como
una de seis mil millones. Echen la cuenta.
El grado de especialización de trabajo que alcanza una comunidad
no es, pues, proporcional a su tamaño. Hay otros múltiples factores que
influyen en ese grado, y que pueden tener el mismo o mayor efecto.
Hablaremos de ellos.
En segundo lugar, tampoco está demostrado que toda
especialización sea productiva. De hecho, está demostrado que algunas
no lo son. Cuantas más personas entran a producir un bien determinado
final, sea de la naturaleza que sea, más tiende el bien a resultar más
lento de producir, y de peor calidad final. Es lo que se conoce como el
principio de que muchos cocineros estropean el guiso. Los ejemplos más
contundentes de este principio se encuentran en la comparación entre la
producción de los artesanos y las industrias. Todas las cosas caras de
nuestro mundo se producen artesanalmente, lo que quiere decir que unas
pocas personas hacen todo el trabajo (a veces con ayuda de máquinas,
eso sí). Por ejemplo, los coches supercaros, los satélites, los
instrumentos musicales caros… Naturalmente, en el mundo existen muy
pocos artesanos, y naturalmente, por tanto, la producción artesanal es
pequeña. Ahora bien, si todas las personas que forman parte de grandes
cadenas de producción (clones las unas de las otras, tal como decíamos
en el párrafo anterior) fueran artesanos dedicados a producir la misma
clase de cosa que las cadenas en que están integrados, la producción
artesanal del mundo sería mucho más elevada, y sin duda alguna, de
bastante calidad. Si les interesa, durante el siglo XIX pueden
encontrar mucha literatura argumentando cómo el modo de producción
industrial no solo no genera más riqueza, sino que simplemente genera
bienes de peor calidad.
A estas alturas de la Historia, sin embargo, ya nadie duda de que
el modo industrial de producción es más eficiente en general, para una
calidad dada.
Lo que seguramente ignora casi todo el mundo es que la DIFERENCIA
NO ES tanta. Se da mucha publicidad al principio de los costes fijos,
que viene a decir algo así como que lo que se produce en grandes series
sale mucho más barato. Esto no es verdad. Ni siquiera es un principio
de interés entre los economistas profesionales. Solo es un principio
muy divulgado y mal divulgado. La rentabilidad de la producción aumenta
con la serie solo hasta el punto en que más producción implica nuevas
inversiones, nivel en el que los costes fijos de la inversión vuelven a
pesar mucho. En resumen, existe proporcionalidad entre la producción y
la rentabilidad, en escalones. Se da como un intervalo de rentabilidad
entre el máximo y el mínimo de la producción posible de una maquinaria
productiva, pero no puede ir más allá.
A gran escala, es una pura tontería de ley. A gran escala, que de
un miserable proyecto de software, por ejemplo, participen cientos de
individuos, solo conduce a que el proyecto no se concrete nunca, o sea
de baja calidad si sale. En resumen, no solo las grandes comunidades
tienen importantes redundancias de especialización, sino que generan
especializaciones innecesarias e incluso inconvenientes. MPor qué se
produce este efecto?. Se produce porque el potencial final de una
especialización tiende a un valor dado para una tarea dada, mientras
que la especialización misma genera un coste añadido de COORDINACION.
Hay un punto en que la coordinación de las personas que participan de
un proyecto es más costosa que lo que se gana dividiendo el trabajo.
Cualquier ejecutivo sabe esto. Lo sorprendente es que se pase por alto
este hecho a la hora de justificar la conveniencia de las grandes
comunidades sobre las pequeñas, en el nivel político.
En tercer lugar, la riqueza de una comunidad no depende solamente
de la cantidad de trabajo que produce (en el sentido de trabajo que
ahorra gracias a la especialización), sino, muy fundamentalmente, de la
CALIDAD del trabajo que realiza, y por tanto, de la duración efectiva
de los bienes que se derivan de ese trabajo. La noción de que las
comunidades necesitan de forma permanente un flujo de bienes
determinados es en sí misma absurda.
Una comunidad que no crece no necesita seguir construyendo
viviendas, solo reponer aquellas que no valen, y eso significa que la
cantidad de viviendas por año que necesita construir solo depende de lo
que duren las que están hechas. Si las viviendas duran en buenas
condiciones trescientos años, en lugar de treinta, entonces la cantidad
de viviendas que se necesita construir se divide entre diez. Dividir
por diez la cantidad de trabajo necesario para construir una vivienda
es casi imposible a base de especialización de trabajo en el momento en
que nos hallamos. Sin embargo, conseguir una duración más prolongada es
mucho más fácil. No hace falta que les diga que la duración prolongada
de los bienes no es precisamente el objetivo de nuestra actual
civilización.
En quinto lugar, los bienes básicos de los que habla el primer
principio, arquitectura, alimentación, textil, mobiliario, y defensa,
son HOY día muy poco especializados. Muchos otros, tales como la
educación, la gestión, el transporte, la informática, la
medicina…TAMPOCO lo son.
Conviene que se medite suficientemente el hecho de que las cosas
de las que dependemos en mayor medida las hacen precisamente personas
poco “especializadas” laboralmente, o en grupos reducidos de personas,
de principio a fin.
En sexto lugar, en todo caso hay un factor enormemente más
trascendente para la capacidad de producción de una comunidad de
cualquier tamaño que lo especializado del trabajo de las personas, y es
la tecnología. A medida que incrementamos el nivel tecnológico de una
comunidad, las máquinas realizan más trabajo en sustitución de las
personas, por lo que las personas pueden emplear más tiempo en
especializarse en el trabajo que queda, o bien, sencillamente, podrían
dedicarse a disfrutar del ahorro de trabajo que les da. Sin embargo,
eso significa que en una comunidad dada, el aumento de tecnología
debería permitirles a sus individuos disfrutar de más riqueza, mientras
que parece que ocurre todo lo contrario. Explicaremos porqué más tarde.
De momento, quedémonos con que se mire como se mire, emplear maquinaria
produce exactamente el mismo efecto que la especialización. De modo que
políticamente se nos vende la idea de que mayores comunidades generan
más beneficios de la especialización. En cambio, no nos venden la idea
de que la maquinaria genera riqueza, porque es demasiado descarado que
no es así en general. Sí es verdad, por otro lado, que nos venden la
necesidad de una enorme cantidad de maquinaria para sostener nuestro
modo de vida. Pero meditémoslo un momento. La maquinaria ahorra
trabajo, o bien genera más riqueza. En su mayor parte, nuestra
comunidad no nos ahorra trabajo, sino que nos ofrece más riqueza.
Curiosamente, dicha riqueza es en su mayor parte maquinaria que nos
ahorra trabajo, el mismo trabajo que nos podríamos haber ahorrado
directamente. MNo hay algo que falla aquí?.
No quiero entrar a discutir la lógica de nuestro modo de vida.
Personalmente, soy un chiflado de las máquinas, y disfruto viéndolas
trabajar simplemente porque me gustan, como me gustan los cuadros de
Dalí, y las pirámides de Egipto. No digo que sea posible vivir sin
máquinas, que evidentemente lo es, ni que debamos descartarlas (lo que
me produciría un gran fastidio), sino que debemos determinar más
fríamente qué pretendemos de ellas.
En resumen, una comunidad arbitrariamente pequeña tiene abiertas
las vías de la especialización estrictamente necesaria, la optimización
de ésta, la calidad y durabilidad de los bienes producidos, y la
tecnología, para incrementar tanto como quiera la riqueza que produce,
sin necesidad de crecer para explotar un miserable diferencial de
especialización por encima de la que es estrictamente necesaria. En
realidad, hubiera bastado con cualquier vía para demostrar ésto, pero
como se ve, hay muchas más de una.
Mas ahora podemos desmarcarnos un poco de la visión económica
tradicional, mantenida hasta aquí, para ahondar un poco más en ciertos
aspectos.
MCómo se mide la riqueza?. Si quiere poner en apuros a cualquier
economista, aunque sea un premio Nobel, hágale esta pregunta. Los
especialistas no se ponen de acuerdo ni siquiera en cómo medir el valor
real de una miserable empresa, cuanto más en medir la riqueza de un
país, por ejemplo.
Hay toda clase de dificultades en ese propósito. El potencial
futuro, más bien imponderable, por ejemplo, forma parte de la riqueza.
Un perfil de ofertas suficientemente amplio, por ejemplo, es una medida
de riqueza, pese a que es inmedible. Por ejemplo, un país con una gran
cantidad de armas, con buenas fuentes de petróleo y enormes industrias,
como Rusia, se convierte en pobre en cuanto falla la coordinación y
escasea el alimento y el suministro final de energía. Pero Mcómo se
mide eso?. La mayoría dejamos en manos de los sesudos economistas el
establecer un baremo y que nos den un número. Lo que hacen es
establecer un gran número de ellos y volvernos locos con cifras. Pero
desengañémonos. Hay ciertos imponderables en la riqueza que son
completamente inmedibles. Algunos países tienen un buen suministro de
alimentos de calidad, casas acogedoras, un buen sistema sanitario y una
gran cultura, pero quizá carecen de automóviles grandes, autopistas
rápidas, grandes centros comerciales…MSon más ricos o más pobres?. La
riqueza no se mide, es así de simple. Se puede medir cosa por cosa, y
establecer pruebas comparativas de calidad para cada uno de los bienes
que se producen, e incluso establecer criterios arbitrarios de
ponderación de factores como distribución, precio, etc. Pero no hay
forma de combinar todas esas medidas en una única medida, ni siquiera
en un conjunto pequeño de ellas. En conjunto, la medición de la riqueza
de una comunidad tiene tanto sentido como decidir si una novela es
genial o un tostón inaguantable en base al número de páginas que tiene.
Por consiguiente, una comunidad, a fin de cuentas, puede generar
tanta riqueza como cualquier otra, aunque sea mucho más pequeña.
MDepende la riqueza del trabajo?. Estamos demasiado acostumbrados
a pensar que todo requiere trabajo. Hasta respirar. Sin embargo, hay
cosas que no dependen de nuestro trabajo. La biodiversidad, la limpieza
del agua, la armonía social, la belleza o fealdad de las obras
construidas…no dependen del trabajo. Mayormente dependen de dejar en
paz las cosas y no presionarlas. Y sin embargo, en cierto sentido, SON
riqueza, ya que uno daría dinero por ellas….si es que hubiera alguien
que se las ofreciera… En realidad, con esto queremos decir que
dejemos de pensar en el trabajo como la transformación de la
naturaleza, la manipulación de la información o el vasallaje. Pensemos
en el trabajo como en “esfuerzo”. A veces, cuesta más “esfuerzo” no
hacer que hacer. A veces, es el esfuerzo de tomar una decisión. A
veces, el esfuerzo de comprender. Cualquier esfuerzo crea riqueza. No
riqueza voluble, etérea o indecidible. Sino riqueza por la que alguien
PAGARIA, como por la paz.
Resumamos: Cualquier conjunto de personas tienen capacidad para
crear riqueza de cualquier clase, incluida la que habitualmente
entendemos por tal, en cualquier medida (con tiempo suficiente), para
lo cual solo tienen que ponerse a intercambiar entre ellos el producto
de un trabajo especializado cuyo fin sea satisfacerse mutuamente
necesidades de índole económica. Es mentira que se necesiten cantidades
ingentes de la moneda oficial de las comunidades a las que previamente
pertenecen. Es mentira que los grandes grupos lo tengan más fácil para
ser más ricos. Es mentira que las pequeñas comunidades necesiten nada
de las grandes. Y es mentira que las pequeñas comunidades no puedan
relacionarse, si les conviene, con las grandes.
MPor qué, entonces, los países bloqueados sufren carencias?. En
realidad es muy sencillo: porque su organización interna no está
preparada para producir suficientes bienes de una cierta clase.
MPor qué, entonces, el tercer mundo sufre carencias?. Porque no
hay iniciativas de economía interna, y las que hay son abortadas por
los intereses del gran círculo de la economía global.
MEstoy diciendo que en todas las partes del mundo existe
suficiente petróleo, suficiente agua, suficiente humus orgánico,
suficiente hierro, suficiente uranio?. Lo que digo es que está por
demostrar que en cualquier parte del mundo haga falta más que lo que
hay en esa parte. Quizá en algunas partes no haya mucho acero, pero las
casas de madera también pueden ser lujosas. Quizá en algunas partes no
hay petróleo para hacer ropas de nylon (nylon, por otra parte, que se
puede obtener de otras maneras), pero se puede producir mucha seda
barata. MPodrían entonces los beréberes producir ordenadores de
calidad?. Respuesta: MAcaso cree que en Taiwán hay más silicio que en
el Sáhara?.
MQué sacamos en claro del principio de economía interna acerca de
nuestra discusión sobre las utopías?.
Entiendo que dos cosas fundamentales:
Primera. Si todo el mundo tuviera suficientemente claro lo simple
que es poner en marcha comunidades económicas, y apañárselas pobres con
pobres, sin tener en cuenta para nada las fortunas establecidas,
entonces los ricos no podrían presionar tanto a los pobres, los pobres
no tendrían porqué seguir siéndolo tanto, no tendrían que pelearse
entre ellos por las migajas de la caridad de los ricos, y en suma,
habría muchas menos diferencias sociales y geográficas, sin necesidad
de ningún ulterior movimiento político, social o religioso.
Segunda. Ningún conjunto de personas que compartan una visión de
la clase de mundo que desean se puede escudar en su pobreza para no
materializarlo por ellos mismos.
Los siguientes principios ayudarán a entender con qué
dificultades, en cambio, sí que se topará cualquier comunidad, que no
tienen que ver más que en parte con lo económico.










